La rana arlequín hocicuda (Atelopus longirostris) fue declarada extinta en 1986, pero su redescubrimiento en el Valle de Íntag, provincia de Imbabura, Ecuador, marcó uno de los hitos más esperanzadores de la conservación mundial.
Hoy, esta pequeña rana de hocico puntiagudo y manchas amarillas sobre fondo oscuro simboliza tanto la fragilidad como la resistencia de los ecosistemas andinos ecuatorianos.
Durante casi cuatro décadas, los científicos creyeron que la rana arlequín hocicuda había desaparecido para siempre. Sin embargo, en 2016, investigadores del Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios y miembros de la comunidad de Junín (Valle de Íntag) redescubrieron ejemplares vivos en los bosques nublados de la zona. Este hallazgo fue confirmado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que cambió su categoría de “extinta” a “en peligro crítico”. La especie, endémica de Ecuador, había sobrevivido en secreto en un hábitat amenazado por la minería y el cambio climático
Ciencia y conservaciónDesde su redescubrimiento, el Centro Jambatu ha liderado un programa de reproducción en cautiverio para asegurar su supervivencia. En junio de 2025, científicos liberaron los primeros renacuajos criados en laboratorio en la reserva privada Los Yaltes, dentro del Valle de Íntag. Fue la primera reintroducción de esta especie en su entorno natural desde su desaparición en los años ochenta. Según Andrea Terán, coordinadora de investigación del Centro, “fue un momento histórico: ver a un renacuajo aferrarse a una roca fue prueba de que la vida puede resistir incluso después de ser declarada extinta”.
Amenazas persistentesA pesar de este éxito, la rana arlequín hocicuda enfrenta graves riesgos. Su hábitat está amenazado por el proyecto minero Llurimagua, impulsado por Codelco (Chile) y Enami EP (Ecuador), que podría contaminar los ríos y fragmentar los bosques donde la especie sobrevive. Además, el hongo quítrido (Batrachochytrium dendrobatidis)**, responsable de la extinción de decenas de especies de ranas en América Latina, sigue presente en la región. Organizaciones como Wikiri Sapoparque y comunidades locales trabajan para proteger el bosque y promover prácticas agroecológicas que reduzcan la presión sobre el ecosistema.
El caso de la rana arlequín hocicuda demuestra que la conservación puede revertir la extinción cuando ciencia y comunidad actúan juntas. Su historia ha trascendido fronteras: incluso el actor Leonardo DiCaprio ha apoyado públicamente la defensa del Valle de Íntag y la protección de esta especie. Hoy, la rana se ha convertido en un emblema de resistencia frente a la minería y en un recordatorio de que la biodiversidad ecuatoriana aún guarda secretos capaces de desafiar la desesperanza.
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